CARACAS, viernes 03 de julio, 2009 | Actualizado hace
Mientras el gobierno nacional se dedica a la defensa de la democracia hondureña y a regalarle 170 ambulancias a Bolivia, en Caracas las cosas no andan nada bien. Un solo hecho, sucedido el pasado martes, es suficiente para desnudar lo desprotegido que se encuentra cualquier ciudadano caraqueño. A las seis de la mañana, una bombona de gas produjo una explosión e incendió una vivienda muy humilde del sector El Rosario de las Minas de Baruta, hecho que fue ampliamente destacado por los reporteros de sucesos en todos los medios del país, a excepción de los medios oficiales (que imaginamos tenían a sus reporteros ocupados en otros menesteres). Al comenzar el incendio, los vecinos llamaron a los Bomberos Metropolitanos y a Polibaruta. Mientras llegaban (y lo hicieron muy rápidamente), los quince menores de edad y los doce adultos que habitaban la pequeña e inestable vivienda trataban de salir de la misma por donde podían, sin tener demasiadas opciones, siendo socorridos por los vecinos. Dos señoras resultaron quemadas en la explosión. Fueron atendidas por los paramédicos de Salud Baruta quienes las trasladaron en ambulancia hasta un hospital para que sus quemaduras, que abarcaban el 60 y el 50 por ciento de sus cuerpos, fueran atendidas. Bomberos Metropolitanos, vecinos, funcionarios de PoliBaruta, paramédicos de Salud Baruta, comenzaron desesperadamente a tratar de apagar el fuego, a reventar techos y abrir boquetes en las paredes a mandarriazos para que los que aún estaban atrapados en la vivienda pudieran salir. El humo estaba concentrado en el interior de la vivienda. Los bomberos llegaron al sitio en una unidad de emergencia, pero no pudieron llevar una cisterna. Abrieron boquetes pero no tenían mangueras de agua. A fuerza de tobos, pailas y una pequeña manguera de jardín que proporcionó un vecino, todos le hacía frente al fuego. Un adolescente y un adulto no lograron salir antes de que los boquetes permitieran la entrada de aire y agua. Murieron.
Se nos informó que los bomberos sólo disponen de dos camiones cisternas para toda el área metropolitana y que el que venía hasta las Minas desde El Valle se había accidentado en el camino y no llegaría. Los bomberos, que actuaron con todo el arrojo y desprendimiento, no estaban bien equipados, no poseían ni las máscaras y varios de ellos tuvieron que ser nebulizados en las ambulancias de Salud Baruta. Sobre las nueve de la mañana se presentó diligentemente la comisión del Cicpc, para realizar el levantamiento forense de los cuerpos de los dos ciudadanos fallecidos, lo que hicieron de forma profesional y rápida. Estaban listos para trasladarlos a la morgue, como corresponde, para la realización de las autopsias legales, pero no tenían la furgoneta necesaria para hacerlo y no se sabía a qué hora podría disponerse de ese vehículo para el traslado. Con su previo consentimiento, autorizamos que el traslado se efectuara en una pick-up de PoliBaruta. Así se hizo. El Consejo de Protección Municipal de Niños, Niñas y Adolescentes junto con Desarrollo Social realizaron el chequeo de los quince menores y ejecutaron medidas preventivas para su protección. Ya en la noche, los cuerpos de los fallecidos llegaban desde la morgue a la funeraria de Las Minas. Todo el sector de El Rosario acudió a decirles adiós y a rezar por su descanso eterno. Las dos señoras que habían sido trasladadas en las ambulancias de Salud Baruta a un hospital público en El Llanito, no habían podido ingresar a ese hospital ni a cinco hospitales más en la ciudad de Caracas. Ninguno quería admitirlas para realizarles los tratamientos necesarios y evitar infecciones que, en los quemados, pueden presentarse muy fácilmente. Las pacientes fueron rebotadas de todos los hospitales que visitaron. En cada uno de ellos, a los paramédicos les decían lo mismo: aquí no atendemos quemados, llévalos al hospital X. Las señoras estuvieron dentro de la ambulancia auxiliadas por los paramédicos más de doce horas. Finalmente, mientras ya había comenzado el velorio de sus parientes, ellas pudieron ser ingresadas en el hospital Pérez de León porque los médicos de la emergencia se compadecieron de ellas.
Este caso retrata de cuerpo entero cómo estamos en nuestro país: bomberos profesionales sin el equipamiento necesario; funcionarios de la morgue -excelentes profesionales- también sin equipos; hospitales de la ciudad sin equipos y totalmente colapsados. Indigna haber vivido todo esto y saber que los recursos de los venezolanos se regalan a otros. Indigna ver cómo despojaron a la Alcaldía Metropolitana del Cuerpo de Bomberos o a los estados de los hospitales y centros de salud, para tenerlos desmantelados y sin capacidad de respuesta. La centralización de los servicios públicos por motivos políticos va directamente contra el pueblo.
gblyde@gmail.com
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