CARACAS, jueves 02 de julio, 2009 | Actualizado hace
En el Hemisferio Occidental existe una especie de sindicato de presidentes, amigotes que se reúnen con frecuencia para darse ánimo mutuamente. Tendrán diferencias de estilo, pero a la hora de defender el "derecho divino" de cualquiera de ellos a hacer lo que le dé su real gana presentan un frente que Metternich hubiese envidiado.
La Carta Interamericana se la pasaron por allá aquel día en San Pedro Sula, al ovacionar en masa a un régimen dictatorial y genocida que oprime hace más de medio siglo a todo un pueblo. Ahora pretenden resucitarla porque un abusador vestido de rojo fue repudiado.
El "sistema" nunca aprendió las consecuencias de 1991, cuando se jugaron el todo para reponer al criminal Bertrand Aristide y sus asesinos Lavalas en Haití. Luego, las de abril de 2002, con un sainete cuyo desenlace definitivo sigue pendiente.
Ahora, antes de conocer toda la verdad, se precipitan en estampida a juzgar a Honduras. Para conocer lo que realmente ocurrió aceptan sin cuestionar la palabra de un solo hombre -su carnal Zelaya- frente la colectiva de la Corte Suprema, el Parlamento, y los demás poderes legítimos de Honduras. Por no mencionar que todo se hizo sin derramar una gota de sangre hondu- reña.
Algunos mandarines sin sentido de proporción, realidad o ridículo, aseguran que "derrocarán" al sucesor, prueba fehaciente de su descarada violación de la soberanía hondureña. Otros imponen condiciones imposibles: reponer al fracasado en contra de toda la institucionalidad interna.
Indudablemente alguien cometió algún tipo de delito con la primitiva expulsión del payaso Zelaya en paños menores a San José: algo así como botar basura a la vía pública. Pero devolverlo a Honduras contra la mayoría de la población traerá más sangre que su salida.
Por eso pretenden castigar al pue- blo hondureño con un bloqueo igual o peor al que llevan años denunciando se aplica al pueblo de Cuba.
En el fondo no piensan en Honduras ni en Zelaya: les aterra pensar en sí mismos madrugando en pijama en Costa Rica. Y con sobradas razones.
Tristemente, el señor Obama parece sumarse a la cola de todo ese circo, pronunciándose sobre lo que es "legal" en Honduras.
Ahora viene la lluvia de retórica, irán a la impotente ONU, y quizás a Zelaya lo instalen en la vieja suites de Aristide en el ex Caracas Hilton. Quizás logren repetir las pesadillas de 1991 y 2002, impuestas por la "santa alianza" de los pares.
O quizás los catrachos, con mejor instinto de preservación, los manden a todos de paseo.
aherreravaillant@yahoo.com
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